La gran ilusión

la-gran-ilusion-por-Jose-Manuel-Agut

Los ojos abiertos de par en par, como un niño, lleno de ilusión.

Me quedé con la mirada de un niño, estaba jugando en un parque, jugaba con tierra, hojas y una pequeña ramita con la que hacía garabatos, las líneas marcadas en el suelo eran inconexas pero su trazo era firme y hermoso; del otro lado estaba su abuela mientras no perdía detalle de lo que su nieto hacía, mientras tanto yo, miraba y sonreía. Nada podía ser tan bello, tan natural y tan espontáneo.

Tenía prisa, mucha prisa, pero quise detener el tiempo y me senté en aquel parque, pensé en el único fin de aquel niño que marcaba una y otra vez sobre la tierra, en el mismo lugar donde estaba sentado, donde disfrutaba y donde pasaba su tiempo. Tiempo del cual, nosotros, los adultos huimos, tiempo que se nos escurre entre los dedos pensando en otros asuntos que son cuanto menos, nuestro propio obstáculo para volver a tener ese sentimiento de niño.

Hoy sentí la gran ilusión de volver a ser como él.

La mirada cariñosa de su abuelita, me hizo pensar en la cantidad de cosas que debían pasar por su cabeza, la cantidad de sentimientos, de belleza acumulada en un fragmento de su vida, de recuerdos y porqué no, de anhelos. Seguía escuchando lejanas melodías de primavera, sentí que quise ser niño, sentí la pureza de esos locos bajitos, llenos de energía, de felicidad cuando corren, cuando garabatean sobre calquier superficie, cuando atrapan los sueños y cuando se asombran ante pequeñas historias mágicas. Es difícil describir la hermosa armonía del tiempo en la cabecita de un loco bajito, pero a la vez es una sensación locamente agradable.

Escuché la llamada de su abuela, el niño levantó su cabeza y marchó corriendo hacia ella, le dió de beber de su pequeña botellita de agua, mientras le acariciaba el cabello, el niño, poco después, le respondió con un fuerte abrazo, lleno de espontaneidad y de frescura, salió corriendo hacia el lugar donde acariciaba la tierra haciendo garabatos firmes, a los cuales yo no alcanzaba a ver. No podía pensar en nada más, sentí una gran felicidad, una gran ilusión… volver a ser como un niño.

Nos ocultamos detrás de corazas inútiles, de sentiminetos engañosos, de pensamientos falsos e hipócritas y nos olvidamos de lo que una vez fuimos. Un niño es siempre verdadero… con el tiempo, decimos que somos adultos; ¿Seguro?…

Hoy sentí la gran ilusión de volver a ser como un niño.

El autobús a mis espaldas encendía el motor, giré la cabeza, debía darme prisa si no quería perderlo… me acerqué hasta el niño y pude leer un “Te quiero, mamá“, sus garabatos en el suelo eran hermosos, pero su mensaje… su mensaje… me dejó sin aliento; sintió mi presencia, nos miramos y tan sólo llegué a hacerle un ademán con la mano queriendo decirle un tímido “hola”…, me fuí corriendo hacia el autobús y una vez sentado en el vehículo, mientras me alejaba de aquel lugar, veía partir el sueño y los recuerdos de mi niñez, de esos tiernos momentos junto a mi padre, jugando en el sofá, haciendo pequeños garabatos en hojas de papel, esa fragancia única que no me abandonará jamás.

La gran ilusión de ser niño, es no crecer, y cuando sucede, hacerlo con inmenso amor, respeto y comprensión, para que nos acompañe por el resto de nuestros días.

Dedicado con todo mi amor, a mi hijo Santi
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